lunes, 2 de junio de 2014

¿Dónde están los ladrones?


El laboratorio social de Dubái

Cuenta una historia urbana la experiencia de un expatriado portugués en Dubái, quien un día al salir de su casa al trabajo, decidió dejar pegado un billete de 100 dírhams (50 mil pesos colombianos) en la puerta de su casa: así es, 50 mil pesos claramente visibles y al alcance de todos. 

A su regreso, y para su sorpresa, los 100 dírhams permanecían sobre la puerta tan campantes como los había dejado. “Alguien se lo llevará mañana” afirmó para sus adentros. Días y meses pasaron y el billete no parecía atraer a nadie en una calle relativamente transitada. A medida que el tiempo transcurría, el pobre billete se decoloraba y se cubría de polvo ante las muchas tormentas de arena que le había tocado soportar. El deterioro del billete llegó a un punto tal, que al lusitano le tocó reemplazarlo por uno nuevo, esta vez plastificado e igualmente expuesto. 

El inusual laboratorio social del viejo expatriado produjo finalmente un resultado una noche de junio, cuando al llegar de su trabajo notó que el billete había desaparecido dejando colgando las tiras de cinta pegante que lo sostenían. 

“Se lo llevaron de un zarpazo” observó para sí. Lo anterior coincidió, ceñido a una estricta lógica, con la crisis económica que golpeó a los Emiratos Árabes Unidos en el año 2008, que dejó a miles de personas sin empleo y en una situación financiera lamentable. 

Tal era la magnitud de la crisis, que muchas personas con exorbitantes deudas salían de sus casas, y en vez de ir a sus trabajos decidían, sobre la marcha, que la mejor opción era huir del revés económico: terminaban en el aeropuerto comprando un pasaje con el dinero que les quedaba, dejando atrás todo literalmente tirado, incluyendo sus lujosos carros.

Después de un tiempo, automóviles abandonados y cubiertos con polvo del desierto -tal como el viejo billete del portugués- se podían contar por miles  en la zona de parqueo del aeropuerto de Dubái. Con el tiempo la crisis se superó y la atmósfera de tranquilidad financiera retornó, volviéndose a experimentar entre los habitantes de la gran ciudad la seguridad acostumbrada.
  
 El botellón del billete
 
Cierta vez, cuando caminaba por una calle de mi vecindario en Abu Dhabi, asomado en el pico de un botellón de agua, vi un billete de 20 dírhams (10 mil pesos colombianos) en pleno frente de una casa; no lo podía creer y me acerqué para estar seguro de lo que veía. Lo que les cuento sucedió a eso de las 8 am, en mi camino al supermercado y a otros lugares a donde tenía que realizar algunas diligencias. 

A mi regreso, a eso de la 1 pm, el botellón y el billete permanecían en su lugar y luego a eso de las 4 pm pude ver el enorme recipiente ya con su contenido de agua. Seguramente muchos como yo vieron el billete pero nadie le prestó atención: en este vecindario este tipo de ocasión, por fortuna,  aún no hace al ladrón.

Una tiquetera de 10 botellones cuesta 45 mil pesos colombianos y en mi caso personal cuando  me quedo sin tiquetes, coloco en frente de la puerta, debajo del botellón, un billete de 100 dírhams (50 mil pesos) con el siguiente aviso: -por favor deje una tiquetera (quédese con el vuelto). A mi regreso encuentro el botellón lleno, el aviso, la tiquetera nueva y el equivalente a un billete de 5 mil pesos, de vuelto: a esto hay que llamarle integridad en el servicio.


De puertas abiertas

Abu Dhabi es literalmente una ciudad de puertas abiertas. En el barrio donde vivo y en muchas otras partes de esta capital, no es nada extraño a cualquier hora del día ver casas con las puertas abiertas y desatendidas, lo que refleja el grado  de desprevención y confianza en que vive la gente. Una puerta que se deja abierta por estos lares obedece, por ejemplo, a que hay una reunión de amigos que van llegando a diferentes horas y no tienen la necesidad de tocar un timbre; tampoco el anfitrión tiene la necesidad de ir cada minuto  a abrir una puerta.


 
La puerta se deja abierta si se quiere que un domicilio le deje algo para usted recogerlo luego; o cuando se lleva una bolsa hasta el contenedor de basura que se encuentra a una distancia considerable; o simplemente ocurre por simple olvido, lo que termina convirtiéndose en costumbre: una puerta abierta acá no es una manifestación de vulnerabilidad, sino más bien una forma de vivir.

Las tres situaciones hoy descritas, que los residentes en ciudades emiratíes experimentan a diario, tienen como denominador común un privilegio y un derecho ciudadano llamado seguridad, que no es una simple percepción sino una realidad que se vive, que ya forma parte de valores culturales de los lugareños: es una inmensa tranquilidad que nadie les puede robar y un deleite urbano que todos disfrutan a placer.

Dato relevante: Las leyes en los Emiratos Árabes Unidos son severas y penalizan ejemplarmente a aquellos que se atreven a infringirlas. Lo anterior explica también en gran parte, el remanso de paz en que viven.

Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi, Mayo de 2014