lunes, 14 de octubre de 2013

$ 1.179.000 salario mínimo para el 2014

Mínimo al máximo
Lo que les voy a contar no fue sacado del realismo mágico de Gabo. Sucedió en verdad.  

En noviembre de 2011, su alteza, el jeque Khalifa bin Zayed bin Sultan Al Nahyan, primer mandatario de los Emiratos Árabes Unidos, expidió un decreto ordenando que el sueldo mínimo de todos los empleados federales emiratíes -que puede ser un promedio de 16 millones de pesos colombianos-, se incrementara en un 100%.

¡Sí, en un ciento por ciento! El corone para los asalariados  es mayor, si a lo anterior le agregamos que dichos salarios no tienen retención en la fuente, ni estampilla pro tumbe, o atentados al bolsillo parecidos. 

O sea que, a las amas de casa emiratíes se les mejoró ostensiblemente el diario, y  muy seguramente comenzaron a rodar nuevos  Ferraris y Lamborghinis por las autopistas  de Dubái, Abu Dabi y del resto del emergente país del Medio Oriente.

Y como lo que se quiere, según el presidente Juan Manuel Santos, es  seguir avanzando, no necesariamente en un Ferrari, sino en locomotora, el primer mandatario  de nuestro país debería, con tiempo,  invitar a su alteza para que haga parte del comité paritario que decida el salario mínimo de los colombianos en el 2014, para que de alguna manera influya en la decisión final.  

Y para que les haga una realidad a los trabajadores  colombianos, la de devengar -por fin- un salario decente, es decir $1.179.000, el doble del actual salario mínimo legal vigente, sueño sindical y pesadilla empresarial. 

La idea es simple, quien más gana, más gasta, y cuando se gasta más, se consume más y la economía se reanima. Esperamos con gran expectativa que algo  extraordinario suceda en diciembre con ocasión de la oportuna llegada de tan ilustre invitado.

La generosidad de un jeque

En otro gran acto de generosidad, en una ocasión, el jeque decidió pagar una deuda  de 2 billones de dírhams -moneda local- que habían contraído  6.830   comerciantes nativos (1 dírham = 512 pesos).

Por el incumplimiento en el pago y por la mora, los ciudadanos en cuestión  purgaban penas en diferentes prisiones del país. Al quedar libres, los antiguos deudores obtuvieron facilidades de pago para saldar lo debido, y así honrar sus obligaciones patrimoniales. El convenio consistía en abonar el 25 % de sus salarios al abultado pasivo, hasta cancelar la totalidad de la deuda.

Para la extensa lista de colombianos que figuran reportados en DataCrédito y demás listas negras, su alteza sería un gran aliado y benefactor. 

Creo que él haría lo mismo, es decir, iría presto al rescate. Sin embargo, no todo sería color de rosa, ya que se le atravesaría muy probablemente un genio de la DIAN inventándose el impuesto a la generosidad para aplicárselo al gran benefactor. Aun así, pienso que su excelencia seguiría adelante con el gran gesto de  desprendimiento.

¡ Bienvenida sea siempre la generosidad !